Esta semana estuve de lunes a miércoles en un congreso en Madrid. Han sido unos días extraordinarios, entre buenos amigos y nuevos conocimientos para el futuro, con un colofón muy emotivo que os dejo para unas líneas más abajo.
Al volver a casa llegó a mi ese signo inequívoco de que la primavera, el retorno a la vida de muchas cosas, ha tocado las calles de mi ciudad, Sevilla. El dulzón y profundo olor a Azahar.
En ese momento, me vinieron a la mente las palabras póstumas de un entrañable amigo y compañero, que oí de labios de su viuda en su sepelio hace un par de meses, que uno de sus mejores amigos transcribió a su lado en la habitación del hospital donde él peleaba por la vida, hospital para el que dio muchos años de su vida, y que algunos de sus amigos rescataron para todos los asistentes al congreso en la clausura de éste.
Yo las recojo y os las dejo aquí, para que nos sirvan a todos:
“Quiero que viváis cada momento de vuestra vida buscando la felicidad, siempre a través de la que seáis capaces de generar entre vuestros seres queridos, vuestros amigos.
Quiero que mi recuerdo, en todos y cada uno de vosotros, sea cercano y entrañable.
Quiero mostrarme agradecido, y conmigo también Esther, por el cariño, el apoyo, la compañía, el calor y la fuerza que especialmente durante estos últimos meses, nos habéis mostrado.
En fin, si queréis complacerme, luchad cada minuto por ser felices. GRACIAS A LA VIDA”.
Respirar hondo esa tarde y percibir la vida llegando por cada poro de la piel sólo puede significar una cosa… Jaime, siempre fuiste un gran sabio, te haremos todo el caso que podamos.
Gracias a los buenos amigos.





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