Archivo para 12 noviembre 2007

12
Nov
07

el universo desde una cascara de nuez (dos)

Queridos amigos/lectores.

Muchos han sido los halagos y esto hace que me plantee seriamente qué contar en esta ¿esperada? segunda entrega… hoy he encontrado el motivo para volver a levar anclas en mi mente y revivir de nuevo este viaje en mi interior. Hoy hablaremos de eso… de partir.

Quienes me conocen saben que he vivido toda mi vida aquí, en el sur, muy cerquita o incluso últimamente en la propia ciudad de Sevilla. Sin embargo, los que me conocen un poco más saben también que una parte de mi vida ha transcurrido “virtualmente” en Barcelona.

Allí tengo una parte de mi familia paterna, un gran número de amigos y sobre todo muchas horas de vida en viajes a la ciudad Condal en busca de mi amor. Si Sevilla fue mi fiel y amada esposa, Barcelona la podríamos considerar como mi apasionada amante.

Mi primera visita fue en el año 95 en busca de mi amigo Eduardo, que en aquellos días buscaba su rumbo por otros Continentes (aunque estaban en la propia Barcelona), y de una felicidad que para mi había hecho aguas ese fatídico año. Barcelona fue un poco mi chaleco salvavidas, mi linea de vida para no perderse en el mar, como lo han sido sus barcos para algunos entrañables amigos que he conocido en este viaje y de los que otro día hablaré.

Después otro escarceo en el año 98 con otra nueva vida casi por estrenar y luego, en el 2000, mi nena decidió irse a probar suerte por aquellas tierras… y así hicimos un poco más rica a Iberia, porque yo me quedé aquí… y por qué no decirlo, también a nuestra alma que se impregnó de las cosas buenas que se pueden encontrar en Cataluña. Que pena que determinados inútiles se empeñen en separarnos…

Hace como 3 años y pico dejamos aquella tierra para volver a asentarnos aquí de nuevo en el sur. Desde entonces sólo he vuelto un par de veces a aquella preciosa ciudad… y siempre que he vuelto, con una agenda tan apretada como todo aquél que vuelve “a casa por Navidad” y tiene una lista interminable de cosas por hacer. Partir aquél día con media vida en el maletero del coche y 1200 kms por delante fue durillo, sobretodo para ella. ¡QUE VALOR TUVO!

Volviendo al presente, el viaje que mi amigo me ofrecía esta vez tenía un montón de alicientes (y me daba bastante respeto, todo hay que decirlo) pero uno muy importante era partir de nuevo desde la noble ciudad. Volver a ver a “la señora”.

… y volví a aterrizar en el Prat, y a coger un de esos taxis negros y amarillos, a pasar junto a la montaña de Montjuic con sus nichos y sus carreteras, y a llegar a los pies de las torres ***** (publicidad no, gracias) del puerto olímpico… y a respirar aires que bajaban desde el vallés… y a ver el Mediterraneo de Serrat (verlo desde el avión fue espectacular, como siempre).

Mediterraneo

Desgraciadamente, esta vez el viaje era muy distinto, pues la agenda ni siquiera permitía salir del puerto a ver a los amigos…

… pero sin embargo, una vez más volví a sentirme allí como en casa, aunque fuera para dormir en un barco con mar de fondo (el primer día lo pasamos en puerto). Allí volví a conocer de nuevo a gente encantadora (esta va por Atlántida e Itaca). Allí el mar de nuevo me miraba como otras veces, solo que esta vez me dejaría seducir por él.

Finalmente, el día 1 por la mañana largamos amarras del Port Olimpic y una vez más Barcelona quedó allí atras… despidiéndome desde esa carpa plateada junto al puerto donde hace ya tantos años comí el día que me despedía de mi amigo Eduardo y lo dejaba también allí.

… y es que aunque el Sur también me reclamaba, una vez más dejaba allí un trozo de mi vida.

Volvía a poner proa hacia el desconocido futuro, en este caso con millas en lugar de kms y con mucho menos equipaje. A estar seguro de querer afrontar las nuevas olas del mar, aunque fueran más inseguras y menos confortables que la firme tierra que dejaba en la orilla.

Una vez más me vuelvo a acordar de todos aquellos marineros que tantas veces han tenido que partir ¿Que recurrente, verdad? Y sin embargo no por ello menos falto de valentía por su parte y ahora de respeto por la mia.

Dicen que partir es morir un poco… dicen que el tiempo no pasa en vano y que las cosas cambian aunque no estemos presentes para vivirlo, sin embargo el corazón de los árboles mas robustos permanece fuerte e inalterable a pesar del paso y las inclemencias del tiempo.

Así permanecerá mi querida amiga Barcelona, aunque los años pasen y los kilómetros nos separen.

Hasta pronto, señora!!!

07
Nov
07

el universo desde una cascara de nuez (uno)

Parafraseando al genial Stephen Hawking, inauguramos una nueva serie de mensajes (no se cuantos aún) sobre mi viaje de este puente del día 1 de noviembre.

El objetivo del viaje era traerse un velero de 33 pies (unos 10 m.) desde Barcelona hasta algún sitio de la costa andaluza, lo más cercano posible. La tripulación del velero consistía en un experimentado patrón, dos aguerridos mariner@s (chico y chica)… y un servidor que lo más que había navegado era en algún ferry en ríos y unas 12 horas de curso de vela hace una piara de años.

En estas primeras aproximaciones quisiera hablar de las cosas que más me han impresionado sobre el viaje en si. Para siguientes entregas hablare más de las personas, los lugares y lo bien o mal que se puede llegar a pasar.

Comencemos esta singladura…

Felpudo del Tortuga

Madrugada del día 2 al 3 de noviembre, en algún sitio del Mare-Nostrum entre las duchas del puerto de Torredembarra y el bar Carámbano del puerto de moraira, haciendo guardia mientras miras repetidamente el rumbo en la brújula y vas corrigiendo con vaivenes del timón las desviaciones provocadas por las mecidas del incansable y machacón mar de fondo, fiel amante desde que partimos.

La noche es fría y limpia, la costa está tan lejana que no se ve más que el fulgor de las luces detrás del horizonte, con un cielo sin luna todavía donde brillan todas las estrellas conocidas; con mi compañero de guardia, sentado ahí cerca en la bañera del barco, pero lejano mientras navega a su vez quien sabe por que mares de su mente; con toda la eternidad para pensar y con algo más de sueño del que hubiera preferido tener…

… este es el panorama en el que de repente uno se descubre a si mismo como un pequeño electrón del universo, dentro de una cascara de nuez, navegando por un mar infinito como el tiempo.

En ese momento vienen a tu mente tantas y tantas personas que han dedicado su vida al mar. Unos por trabajo, otros por pasión, otros por aventura y otros porque no tuvieron más remedio. Todos seguramente tuvieron alguna vez este sentimiento profundo de fascinación. Todos ellos han pasado para mi a cotas mucho más altas de consideración. Nunca antes había pensado en la cantidad gente que cruza cada día algún rincón de ese inmenso mar que cubre una gran parte del mundo y en lo difícil que podía llegar a ser hacerlo. Nada es sencillo, pero navegar en grandes distancias conlleva unas dosis de fe y cálculo nunca imaginadas para mi… pobre iluso.

Uno, en su inocente vivir, cree que todo es tan sencillo como cuando vas en tu coche por la autopista. Que basta con ir siguiendo un camino de baldosas amarillas (o negras) para ir desde A a B. Que fácil es ¿verdad? Cuan distinto es el mar.

Supongo que sensaciones parecidas se deben sentir en lugares como el desierto, la selva o los polos. Sin embargo, a la sensación de encontrarse perdido en un plano X-Y, en el mar podemos añadir la incógnita de la coordenada Z, la inmensa profundidad del mar. El sentirse a salvo en ese pequeño cascarón de fibra que te resguarda de perderte en el oscuro fondo. Esa coordenada Z que el sonar marca como “DEPTH —” porque sobrepasa las capacidades del limitado aparato. Esas entrañas oscuras.

Sin embargo no quiero que penséis equivocadamente que sientes miedo, no. Es algo más grande que eso. El miedo no existe esta noche. No, porque ya has comprendido que las leyes físicas están para apoyarte; que Arquímedes ya sentó las bases para racionalizar el misterio de la navegación y que ese invisible guía nocturno que es el magnetismo terrestre, personificado en una roja brújula que marca tu rumbo, son los puntos de apoyo de la fe que nos permitirá llegar a puerto, donde al fin nos sentiremos otra vez en la seguridad sólida de la Tierra.

Más bien podría deciros que nuestro homo-céntrico quehacer diario, ese vivir alrededor de uno mismo pensando sólo en el restringido ámbito del día a día, nos hace mucho más pequeños y limitados de lo que realmente somos como seres humanos. Somos mucho más que esas ocho (o más) horas de trabajo o ese fin de semana con atasco a la vuelta.

En resumen, podría deciros que en estos días me he sentido vivo de otra forma, capaz de mirar a los ojos a las estrellas. He comprendido de nuevo cuan grande es nuestro universo, aunque sea visto desde una cáscara de nuez.

Gracias por darme esta oportunidad, Rog.

Continuará…




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