09
Dic
07

el universo desde una cascara de nuez (tres)

Hola compañeros.

Esta tercera entrada se ha retrasado más de lo que yo quería, pero a veces el mundo real reclama sus prioridades respecto a nuestro “ser virtual”.

El viaje.

En el anterior mensaje os hable de la partida, pero ni siquiera llegué a contaros las sensaciones que se sienten cuando uno sale de la bocana del puerto y de repente se encuentra frente al gran azul… es como el azul profundo de una mirada bella, como el tacto de una naranja gigantesca, como la inmensidad de las horas esperando a la amada. Dependiendo del tráfico puedes ver allá a lo lejos otros pequeños insectos flotando sobre su superficie, con un poco de suerte sólo se ve el mar…

Haber esperado un día en puerto sirvió para dos cosas. La primera que yo me acostumbrara al vaivén meneón del barco y la segunda, que el mal tiempo que había por la zona del delta del Ebro se fuera alejando… por lo cual los primeros minutos sobre mi cascara de nuez fueron tranquilizándome.

Realmente para mi la aventura comenzaba ahí, en las primeras horas en él, si conseguía resistir este primer lance la travesía iría bien… si me acobardaba, rápidamente tendría que pedirle a mi capitán que me dejara en el primer puerto que encontrara y volver a casa por medios terrestres… pero con la cabeza alta por haberlo intentado al menos.

Una vez salimos del puerto y nos pusimos a una distancia adecuada de la costa, buscamos el primer rumbo según las cartas, apuntando hacia el delta del Ebro (más o menos). Aquí empezó mi aprendizaje de grumete viendo a nuestro capi “haciendo sus deberes” (como él mismo decía) con las cartas de navegación, el instrumento que en el mar aclara el camino a casa. Ahora que lo pienso, nuestro viaje podría compararse con el de las palomas mensajeras… nos llevaron(mos) a un lugar remoto y luego teníamos que volver al nido.

Haciendo los deberes

Como son las primeras cartas de navegación que veo, comentaros que me llamó mucho la atención que en ese mapa no se veía casi nada en la tierra, era simplemente una extensión ocre más allá del azul, a diferencia de los típicos mapas físicos o topográficos que uno ha visto toda la vida. Mucha información en el borde costero (poblaciones, faros, puertos, etc.) y mucha más en el mar (profundidades, líneas de navegación, zonas con obstáculos, boyas, etc.)… igual por eso se llaman cartas de navegación O:-)

El tiempo estaba calmado y no había viento, con lo cual el run-run del motor nos iba a acompañar durante mucho tiempo. Ahora, con los pies en tierra, os puedo confesar que durante todo el viaje mi gran desconocimiento del mar me estuvo jugando malas pasadas respecto al motor. No hay peor sensación que cuando un pensamiento machacón (como de pistones) se mete en la cabeza… en mi caso, en mitad del mar empezó a machacarme la duda de “¿cuantas horas seguidas de funcionamiento aguanta ese motor?”. Si, vosotros marineros que conocéis “el paño” os reiréis, pero yo nunca había visto un motor funcionar casi constantemente durante 3 días seguidos. Y de repente me imaginaba allí en medio, tan lejos de la costa, sin viento y sin motor… la mente a veces navega por sus propios derroteros.

Y así fue quedando atrás, allá a lo lejos, la costa conocida y fueron apareciendo poco a poco otros paisajes, camino de nuestro delta. De momento el rumbo se mantenía casi en 270, nos fuimos turnando en el timón ya que el piloto automático no habíamos podido repararlo, así que no se podía descuidar el rumbo. Curiosamente para bajar al sur, primero debíamos marcar un Este puro… cosas de la geografía.

Mientras, yo me iba acostumbrando a estar en la bañera, unos ratos miras la costa, otros el mar, otros mantienes interesantes o banales charlas con los demás compañeros y otros te tumbas a lo largo en uno de los asientos y observas el cielo, aunque el mejor momento para hacer esto descubrí que era de noche. De momento, nada de “excursiones” a proa para hacer el momento di-caprio porque había mar de fondo y entre que aquello se movía bastante y yo era todavía bastante patoso… mejor sentadito.

El mar de fondo… eso que hace que tu veas el mar con pequeñas olas, pero sin embargo hace que el barco no pare de moverse. Como además no llevábamos las velas desplegadas, que estabilizan el barco, éste describía un constante movimiento armónico nada de simple. Claro, teniendo en cuenta que lo más cercano a un barco en “alta” mar donde yo me había montado era en las extintas barquitas de la plaza de España, pues se me hacía un poco duro al principio.

Y llegó por fin mi primer turno de piloto (música de película de intriga, por favor).
A la rueda, el concepto del viaje cambia por completo. Objetivo principal: mantener el rumbo, objetivo secundario: mantener el rumbo, otros objetivos: estar atento al horizonte por si surge algún compañero de viaje al que esquivar. Para conseguir nuestro objetivo principal había frente al timón una circunferencia roja con rayas y números dentro de una esfera de cristal con algún líquido y a la que algunos llaman brújula, pero que para ti desde ese momento se convierte en algo más vital que esa simple palabra. Marcaba en estas primeras horas el doscientos y pico que yo, como responsable de la rueda, debía mantener fijo ese número con las mínimas oscilaciones posibles (ja). Esta fue durante un rato toda mi vista del paisaje, esforzándome por meter en cintura al esquivo rumbo que rápidamente se desplazaba a izquierda o derecha con voluntad propia, a base de leves movimientos del timón. ¡¡YO DE TIMONEL!!. Luego, aunque casi todo lo que ves frente a ti son kms lisos sin puntos de referencia, uno va aprendiendo a buscar guías que te permitan levantar la cabeza de la brújula y disfrutar del paisaje, de la charla, de la brisa, o sólo de tus pensamientos. Así podías navegar sin tener la vista esclavizada en la roja bola de cristal. La verdad, esa primera vez que me tocó no conseguí levantar cabeza, con las horas y los consejos expertos de los compañeros ya uno va aprendiendo, como en todo en esta vida, y consigues incluso sentarte y disfrutar. Es curiosa la naturaleza humana…

Llegó la hora de la comida… nuevo descubrimiento marino para el grumete Sánchez. En el mar la cocina debe ser sencilla. Nada de lentejas, pollos o filetes en salsa… una tortilla de patatas prefabricada (calentada en un fogón muy ingenioso que se mueve compensando los movimientos del barco), una ensalada, frutos secos y algunos fiambres son el compañero perfecto para un almuerzo en la bañera del barco.

Almuerzo marino

Por supuesto eso de bajar al camarote a comer ¡¡¡NI LOCO!!!
Cada vez que el nene se asomaba por la puerta del camarote, todos mis años de “navegación terrestre” comenzaban a pelearse con mis pocas horas de navegante marino justo a la altura del estómago… vamos que me mareaba un poco. Afortunadamente no tuve en ningún momento que ir a comprobar que era sotavento (cuando uno acude a “llamar a Raul” en un barco hay que hacerlo hacia la borda por la que “sale” el viento, nunca en contra de él) y hora tras hora ese sentimiento se fue apaciguando.

La siguiente anécdota fue descubrir que “hacíamos aguas”… GLUP!!
Vamos técnicamente el problema no era ese, era que la bomba de achique automática no estaba funcionando por algún motivo y había más agua de la normal en el fondo del barco. Si compañeros de tierra, debajo del suelo de madera del barco hay otro suelo de fibra de vidrio, una especie de cañerías internas y una “sentina” donde todo el líquido se concentra. Como había más agua de la cuenta que había rebosado de los tanques de agua, con el vaivén del barco, iba mojando el suelo. Para estos casos, los barcos tienen una bomba de achique manual y aprendí a usarla. Aquí vemos al pirata “pasándoselo bomba”.

Achica que te achica

Al final, ese día el capitán decidió que nos quedáramos en el puerto de Torrebembarra. Pero antes podría disfrutar de otro de los placeres del mar, el atardecer sobre una costa indeterminada. Aquí me quedo sin palabras porque poco nuevo se puede decir ya de un atardecer. Todos hemos vivido alguno. Esta es una imagen de uno de los nuestros a bordo del barco, aunque no fue el mejor… sigue leyendo 😉

Atardecer en Tarragona

Llegamos de noche a puerto. Ducha con agua caliente en el puerto (¡que gustazo!), cena en un restaurante cercano donde estábamos casi solos y luego a dormir en el camarote debajo de la bañera. Esa noche dormimos del tirón, bastante cansados y sin notar que aquella cama se movía. Un lujo esto de llevar la casa a cuestas. Ahora entiendo un poco mejor a nuestra amiga Ítaca.

Por la mañana del día 2 a repostar en la gasolinera, desayuno reconstituyente y de nuevo a navegar.

Esta vez tocaba aumentar un poco el ritmo, se decidió navegar sin volver a parar salvo para repostar. Esto significaba que por la noche tendríamos que hacer guardias para vigilar el timón. Aprendí que es una “linea de vida”, que consiste en un cabo que va de proa a popa por cada lado del barco y al que te amarras para si en algún torpe movimiento te caes al agua, no quedes perdido en mitad del mar.

El día fue avanzando lentamente. Las cosas en el mar llevan su propio ritmo. Veías un punto en la costa allá por estribor (derecha) que poco a poco se iba acercando. Sin prisas pero sin pausa. En algún momento lo veías a tu altura, allí a tu lado, y luego con el mismo ritmo pausado iba quedando atrás muy poco a poco hasta que se perdía. En algunos aspectos este viaje me recordaba a los largos senderos del Camino de Santiago a su paso por Castilla. Puntos del horizonte que poco a poco se convierten en el suelo que pisas y que poco a poco dejas atrás hasta sabe Dios qué otro momento en la vida. Nuestras estelas en la mar, que escribió Machado.

Ahora el tiempo pasa despacio, como en Sildavia, y uno empieza a mirar otras cosas. El aparejo del barco. Cuantas cosas curiosas allí. Aquí os paso algunas fotillos.

Winche1 Estelas Winche2
Cabos Polea del foque Winche1
Winche3 Banderas

El día fue pasando y volvió otro espectacular atardecer. En esta escena siempre recordaré el relato de Julio Verne sobre el último rayo de sol. El rayo verde.

La noche fue laaaaarga. Desde eso de las 7 de la tarde que se puso el sol hasta las 8 y media de la mañana que salió (vivan los datos EXIF de la cámara). ¿Que imagen es del amanecer y cual del atardecer?
Una pista… si viajábamos desde Barcelona, la costa nos quedaba por el oeste, o sea, el poniente.

El rayo verde

Amanecer

Hasta eso de las 11 no comenzamos con los turnos propiamente dichos. Mientras el capi hacía de vez en cuando sus deberes (la noche es mala amiga para despistarse de la ruta), otros ratos charlábamos o dormitábamos acurrucados en algún abrigo gordo y los momentos en que más disfrutaba era cuando me tumbaba a todo lo largo en el asiento y miraba ese cielo nocturno sin nubes y sin luces que lo empañen… preñado de estrellas, que en otros tiempos también sirvieron de guía a los marineros. Antes del GPS, los móviles y la era de la información.

El primer turno de dos horas fue de Rog y mio, de 11 a 1 de la noche. Durante la primera hora uno se hacía cargo del timón y el otro descansaba un poco y durante la segunda era al contrario. Nunca se queda nadie sólo en la bañera de noche. El peligro de perderlo en caso de caer al agua se multiplicaba. No mucho más que reseñar aquí.
El siguiente turno de Polen y Pirata. Aquí si reseñar que me fui a disfrutar de mis 2 horitas de sueño. Ya cansado y medio dormido al bajar al camarote volvió el latigazo al estómago y el mundo a moverse más de la cuenta… pero nada que no se cure abalanzándose sobre el saco de dormir (con cuidadín con darse en la cabeza) para hundirse en los brazos de morfeo (el mitológico, no el de Matrix).
Dos horas mas tardes Rog me saca de dichos brazos y nos vamos otra vez a la bañera… ¡¡que juergón!! Aquí he de reconocer que fue cuando más dura se me hizo la travesía. Con el frio de la noche que calaba incluso el plumas, la oscuridad más absoluta alrededo, sólo algún faro remoto indicando puntos de referencia, sueño atrasado y sin mucho más que hacer que mirar la brújula y corregir el rumbo. He de reconocer que costaba mucho mantenerse despierto y que alguna microcabezada dí, de la que rápidamente sales con el susto de “a ver que rumbo llevamos ahora”.

Y así trascurrió la noche. Aquí os dejo una imagen, que dicen que vale más que mil palabras (que serán las que ya llevo) de uno de los compañeros cuando volví por la mañana a darle el relevo. Justo en el amanecer. Que grande eres, Pirata!

Frio matutino.

FoqueEn breve haría 24 horas que dejamos la tierra. Yo ya era casi un lobezno de mar.

Durante algún momento de la noche habíamos dejado atrás el temido delta del Ebro, Castellón, Valencia y ahora navegábamos por aguas valencianas, más o menos enfrente de Gandía o Denia y camino del Cabo de la Nao.

En el camino comenzó a soplar un poco de aire y pudimos sacar al fin el Foque ¡¡YUJUUU!! Al fin conseguimos subir de los 5 o 6 nudos de viajar a motor a unos 7 u 8 con vela y motor. Parece poco, pero en 24 horas significa recorrer unas 50 millas más (unos 80 kms).

Cabo de la Nao

Así pasamos el cabo de San Antonio y doblamos el cabo de la Nao, para poner proa al puerto de Moraira donde nos esperaba una nueva parada de repostaje y avituallamiento. Llegamos sobre las 2 de la tarde. En unas 28 horas habíamos recorrido unas 175 millas náuticas, el equivalente a unos 300 y pico de kilómetros, que en coche serían unas 3 o 4 horitas… que cosas. Allí además de descanso y comida encontraríamos a otra encantadora compañera conocida como FreeBlue y su familia.

Aquí descubrí lo que es el mal de tierra. Y es cuando después de llevarte un tiempo en el barco vuelves a tierra firme y parece que se te balancea como si fuera el barco… toda una sensación, sobretodo porque tú intentas estarte quieto, pero tu cuerpo instintivamente intenta compensar el supuesto balanceo. Al final, al ojos del observador externo parece que estás un poco borrachín.

La parada se aprovechó para echar un buen rato de charla y para hacer algunas fotillos, como no 🙂

Optimis Lancha con patines

Volvimos a partir de nuevo hacia el mar sobre las 6, ahora hacia el mar menor y el cabo de Palos con sus Islas Hormigas.

A la altura de Benidorm, otra puesta de sol espectacular.

Ocaso en Benidorm

Y otra vez a la noche, a ver las estrellas a seguir hablando y seguir pensando.

Llegada la hora de la guardia esta vez los turnos fueron al revés, para así hacer que Rog estuviera arriba a la hora de pasar por Tabarca y a la hora de doblar el cabo de Palos pasando entre él y las islas hormigas. Así que a mi me tocaba ir a la cama, con mucho gusto… para volver a estar despiertos sobre la 1.

Esta primer turno de la noche fue mucho más emocionante, pues teníamos que pasar entre la costa y la isla de Tabarca, que parece muy fácil, pero de noche es mucho más complejo. Atento al rumbo, a la sonda, a las órdenes del capitán y a las luces de las boyas. Éstas eran como pequeñas luciérnagas sostenidas como por arte de magia a un metro del nivel del mar sobre algún oscuro pivote y que en medio del mar iluminaban un punto peligroso. Había que esquivarlas a toda costa y dejarlas algo distantes. Cuando vi pasar una a nuestro lado no podía imaginarme lo fácil que es perder la percepción de distancia y tamaño en el mar de noche. Realmente la boya que yo creía que íbamos a dejar a varias millas de distancia, resultó pasar a unos escasos 200 metros.

La costa esta vez se veía mucho más cerca que la noche anterior, muchas más luces (pasamos junto a Santa Pola) y mucho más entretenido. También estábamos más preparados para el frio (la manta de Polen fue un gran aliado) y al estar más al sur hacía un poco menos de rasca. Al final de nuestro turno esta vez pareció mucho más corto cuando llegaron los relevistas y nosotros volvimos al saco de dormir querido.

Segundo turno, un poco más traspuestos nos levantamos algo más tarde, pero a punto para afrontar lo que quedaba de noche y el cabo de Palos. El capitán atento al GPS, a las cartas, al rumbo.. a todo. Yo de timonel atento a la brújula, a las luces y a la sonda. Con alguna que otra aventurilla que es mejor no contar aquí, con algunas boyas oscuras que de repente aparecían sin ningún tipo de luz, pasamos junto al cabo y afrontar el último trayecto de aguas alicantinas, rumbo al cago de Gata.

Por la mañana se notaba ya mucho más calor, otro aspecto en el cielo… incluso algunos delfines vinieron a saludarnos (y yo sin la cámara, ¡cachis!). Los jodios aparecían de la nada junto al barco, a un metro o así, y luego con las mismas desaparecían. Un momento muy emotivo. Que bichos más curiosos estos.

El día fue transcurriendo con normalidad. Dejamos atrás alicante y llegamos a almería: Vera, Mojacar, Carboneras… Por la tarde volvió a soplar un poco de aire y pudimos de nuevo sacar el Foque.

Ojo atentoAl atardecer, se divisaba ya a lo lejos nuestro último Cabo. De nuevo una puesta de sol fantástica. No se si porque sabía que era mi última puesta de sol del viaje o por los tonos que se ven en esas latitudes, mi corazón votaba en el pecho y nuestros ojos quedaban absortos en el espectáculo de la tierra recortada sobre ese tornasol.

La pena es que con tan poca luz la cámara no hace justicia al momento, pero no tengo más remedio que intentarlo, sería un crimen dejar pasar ese atardecer sin reflejarlo aunque sea mal.

Aquí ya va tocando a su fin nuestro viaje. Finalmente decidimos dejar en Roquetas de Mar el Alendra Dos gracias a las gestiones de Polen y sus amigos de la zona. Un buen puerto donde amarrar.

Sin embargo, otra de las sensaciones que me dejó marcado fue la luz del faro del cabo de Gata, el anti-Finisterre. El haz de su rayo (otra vez imposible de captar con la cámara) iluminaba kilómetros girando constantemente como una sirena anunciadora de problemas. Al ir pasando delante, tan “cerca” y desde el mar uno comprende lo mucho que significa para la vida de los marineros estas luces. Pero cual fue mi sorpresa cuando ese haz blanco comienza a virar al rosa y luego al rojo sangre. ¡Es un faro bi-color! en determinado arco el cristal del faro es rojo e indica a los navegantes que esa zona del cabo es mucho más peligrosa y casi dice “ni se os ocurra acercaros, ¡locos!”.

Tras doblar el cabo ya sólo quedaba poner proa a Roquetas atravesando todo el golfo de Almería ya de noche. Se me hizo eterno. Cuando finalmente llegamos a puerto, después de un susto sobre cuanto carburante quedaba, un Taxi nos llevó a Almería para poder coger el tren de vuelta al hogar al día siguiente.

Rodeando desde el taxi toda la bahía me sorprendió cuan oscura y grande era. Por eso se me hizo tan larga, porque realmente lo es. Desde allí arriba pensaba para mis adentros “¿y todo ese trozo negro y oscuro hemos atravesado nosotros?. Fue la constatación de que a veces uno puede adentrarse en “la noche oscura” y salir victorioso con el tesón y sin flaquear ante los miedos, aunque siempre vigilantes.

La noche terminó en un hotel de Almería, comiendo sandwitches de una máquina en el saloncito del hotel y con una pintilla más de naufragos que de marineros 🙂

A la mañana siguiente el sueño había terminado y el tren de Almería a Sevilla nos devolvía a la DURA realidad (que anda que no estaban duros los putos asientos del tren) y a nuestros respectivos mundos…

… pero como habréis comprendido si habéis llegado hasta aquí (mi mayor agradecimiento por hacerlo) este viaje ha sido algo que ha marcado época en mi.

——————————————————-

P.D: Si has leido todo esto, anda se bueno y deja un comentario por pequeño que sea, que no me digas que no me lo he trabajado 🙂

P.D2: Marcó tanta época que hace un par de fines de semana estuve en Almuñecar, de nuevo a orillas del mediterraneo. El corazón me latía más fuerte cada vez que veía el sol reflejarse en el mar.. el mar… Desde La Herradura tomamos un café en la playa y casi no podía prestar atención a mi compañera de mesa porque la mente y la vista se me iba… he aquí una prueba…

Almuñecar

P.D3: En cifras: 400 millas, 4 días, 3506 palabras.

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11 Responses to “el universo desde una cascara de nuez (tres)”


  1. 1 maruja de pro
    Domingo, 9 diciembre 2007 en 12:04 pm

    Pues he sido capaz de llegar al final porque me apasionan las travesías marinas y has reflejado ese sentimiento de enamorarse del mar a la perfección. Estupendo como siempre!!
    Besitos

  2. Domingo, 9 diciembre 2007 en 1:01 pm

    No sé si servirá de algo, pero tengo que decir que este relato (que ya esperaba con ganas) ha conseguido llegarle a alguien de secano como yo. Eso debe de ser mucho 😀

    Desde luego, veo que la navegación lo tiene todo para convertirse más rápido en pasión que en afición. Leyendo el mensaje, se me han venido a la cabeza mis primeros viajes en coche, de cuando uno era niño, y el “ir al pueblo” significaba pasar una eternidad (al menos, para la escala de medidas que gasta uno con pocos años) en un paisaje que no dejaba de cambiar, sin saber bien lo que te esperaba, y descubriendo nuevas maneras de hacer cosas rutinarias, empezando por el simple pasar del tiempo.

    Ya sabes que yo me empeño en mirar tu blog como un blog de fotografía, y siempre trato de comentar las fotos, pero permíteme que aquí me escaquee un poco, porque al fin y al cabo, al verlas por separados pierden gran parte de su encanto. Viendo el viaje desde este punto de vista, supongo que tiene que tener una perspectiva distinta el disfrutar de los detalles de cada esquina del barco, sabiendo que van a estar allí, y que van a seguir reflejando cada atardecer y cada anochecer, acostumbrados como estamos los foteros viajeros a tener que capturar el momento sobre la marcha porque uno nunca sabe cuándo van a repetirse.

    En fin, que ahí queda mi huella en este mensaje que sé que va a ser de los más emotivos de tu blog… Es una lástima que el suelo que pisamos digitalmente no existiera cuando hiciste el Camino 🙂 Quería ser el primero en comentarla, pero no sé si en la media hora que llevo leyendo el texto, y escribiendo esto, se me habrá adelantado alguien. A ver qué pasa cuando le de a “Enviar”.

    Un abrazo, Luigi… y un saludo para tus compañeros de viaje, que creo que hay alguno me suena de algo 😉

  3. Domingo, 9 diciembre 2007 en 1:13 pm

    ¡Oh! Lo mejor de este viaje es que traes la retina llena de imágenes y el espíritu lleno de experiencias. ¡Qué maravilla!

  4. 4 fewibef
    Domingo, 9 diciembre 2007 en 1:22 pm

    ¡¡¡Guau, que rapidez!!!
    Muchas gracias por los comentarios a los tres.

    Al final gansito no fuiste el primero, pero si el que más ha escrito. Me parece perfecto que en este caso las fotos pasen sin crítica, su objetivo es más documental. Si no fuera por ellas y porque tienen fechas y horas no hubiera podido reconstruirlo con tanto detalle, teniendo en cuenta que ha pasado ya más de un mes :-O

    Me alegra que con este largo relato consiga acercaros un poco a ese espíritu lleno de experiencias.

    Que gusto tener lectores tan fieles 🙂
    Saludos.

  5. 5 garciro
    Domingo, 9 diciembre 2007 en 6:54 pm

    A mí me han emocionado más los otros dos relatos, especialmente el primero, aunque también el segundo en el que me sentía explícitamente aludida.

    No obstante, después de estos tres esperados y disfrutados relatos, me gustaría hacer un comentario que entenderás tú mejor que nadie… esos 5 días que estuviste lejos de Sevilla yo me sentí en la soledad de quien ha hecho de la compañía del ser al que ama el mar de fondo de su vida. Me gusta pensar que en nuestras vidas de pareja no existen caminos ni rumbos marcados. Me gusta pensar que ambos somos libres para poder en un momento dado vivir este tipo de aventuras por separado. Me gusta pensar que unos pocos días fuera de tu entorno cotidiano llenan tu espíritu de sentimientos tan profundos como los que has expresado en estos relatos, desde una cáscara de nuez. Y también me gusta pensar que seas tú o yo el que se queda en tierra durante el transcurrir de estas vivencias, convierte su soledad en el fermento del deseo de seguir compartiendo la vida juntos tras el regreso.

    TQML, (Rocío)

  6. 6 Pablo L
    Lunes, 10 diciembre 2007 en 1:05 pm

    Que envidiaaaa.

    Maravillososo relato. Con tres viajes mas, publicas un libro: Opensource por supuesto.;)

    Saludos

    PabloL

  7. 7 Lucy
    Martes, 11 diciembre 2007 en 8:58 am

    En primer lugar, decir que este tercer relato era algo bastante esperado creo que queda más que dicho aunque hasta hoy no haya podido leerlo en condiciones.

    Ciertamente, quizás los otros 2 primeros relatos tenían más un fondo filosófico y romántico y en éste, has sacado más la esencia en sí. Esencia que agradezco compartas, y que permitas, que a través de tus palabras me sienta abrazada por tus vivencias.

    A mí que me encanta el mar, embelesarme con las olas cuando crujen al chocar con alguna roca, o que tratan de alzarse para tocar los rayos de sol que la calientan…, ahh, sí…, qué bella sensación la de sentir en tu alma el destello del sol sobre el manto cristalino que nos rodea.

    Después de tu relato poco más se puede aportar salvo que me alegro muchísimo de la experiencia que has podido vivir y transmitir.

    Un fuerte abrazo

  8. 8 artofsailing
    Martes, 11 diciembre 2007 en 9:27 am

    Por fin, la ultima de la trilogía. 🙂

    Resulta para mí interesante tu perspectiva. Raramente se da la circunstancia de que alguien con escaso contacto con este mundillo, se embarque en una travesía de este empaque.
    Tuvimos mucha suerte (o elegimos bien el momento, una de dos). Leo tus notas de viaje y no dejo de pensar que, de haberse dado otras condiciones meteorológicas (la violencia del Vent de Dalt en el Delta del Ebro o un viento duro con mar serio en el Cabo de Palos o Gata, que pasamos de noche) este post hubiese sido muy distinto.
    Pero bueno está lo bueno, y disfrutamos de días de relativa calma tras el temporal de tramontana que nos retuvo en Barcelona.
    La carta náutica es, precisamente por lo que dices, náutica. De tierra sólo nos interesa sólo la costa, de la Mar, nos interesa todo. Esa “masa azul” dice muchísimas mas cosas de las que a simple vista puede apreciarse.

    Trazar una derrota (se dice que la mayor victoria de un marino es cumplir con su propia derrota) es un arte que nunca dejas de desarrollar. Es lo bueno que tiene, siempre ofrece un reto mayor, un aliciente superior. Nosotros disfrutamos de buenas condiciones, pero cuando viento, corrientes y costas difíciles se suman, la pericia necesaria para navegar con seguridad es mucho mayor. Siempre hay un reto que invita a ser superado.

    Me alegro que veas ahora a la Mar con otros ojos, que puedas compartir lo que yo veo cuando miro desde tierra a la superficie de las olas y veo dibujarse las ráfagas de viento, y las peligrosas rompientes. Es como una gran obra pictórica. Para poder apreciarla en toda su amplitud, aparte de provocarte emociones, has de tener ciertos fundamentos. Tu has adquirido unos cuantos y ahora miras con ojos iniciados.

    Como diría mi amigo Alakran: “veneno, veneno del bueno…”

    Por cierto, el Alendra ya está en Rota, lo trajimos a dos en el puente. Fue durillo y estuvo frío. El estrecho nos dió “la del pulpo”, pero ya está en casa.

    Tienes la crónica en: http://artofsailing.wordpress.com

    Un Abrazo, compañero.
    Rog

  9. Jueves, 13 diciembre 2007 en 2:31 pm

    Ay compañero! Ya has quedado enganchado sin remedio a la mar, esa mar que no tiene medias tintas, o se odia o se ama para siempre. Bienvenido al club de navegantes

    Y ya sabes, siempre que quieras volver a cruzar Gata, a bordo de mi barco habrá sitio para ti (y tu chica, que seguro que le encantará navegar)

    Un beso muy muy fuerte y espero que alguna vez volvamos a navegar juntos

  10. 10 tarraco
    Domingo, 3 enero 2010 en 11:12 pm

    me encanto tu relato, estaba pensando en cruzar el delta del ebro con mi cascara de nuez y como soy novato agradeceria me dieses datos mas explicitos sobre ese tramo. sonda, millas de la costa a la que pasasteis….la punta de la banya….muchas gracias.

    • 11 fewibef
      Lunes, 4 enero 2010 en 11:50 pm

      Hola Tarraco.
      Muchas gracias por tus amables palabras. Lamentablemente yo era un mero grumete en esa travesía.

      Sin embargo, si puedo remitirte a un rincón de la red donde me consta que hay muchos marineros experimentados que comparten sus conocimientos y su buen hacer con el resto de la gente.
      Mis amigos de La Taberna del Puerto te tratarán bien, dándote un buen lugar de abrigo en el mar de la red.
      En concreto mis tres compañeros de aventuras suelen fondear por allí 😉

      Un abrazo y que tengas buenos vientos en tu travesía.

      Saludos.


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